Parece que nada cambia con el paso de los días,
parece que varios factores se acumulan
creando una gran bola de material inflamable envuelto en llamas,
y aunque su trayectoria parece ser difusa,
una cosa es clara,
expirará en su intento de atravesar sin éxito el muro que debe detenerla.
Esa maldita bola que arrasa todo lo que encuentra en el camino,
esa esfera perfecta de fuego
que engendró de la unión causal de una mísera chispa
que encontró un cuerpo donde prender…
un cuerpo empapado en gasolina…
ese olor embriagador,
y esa atracción física que podía llevarla a la explosión…
Y ahora,
ese atajo mal recorrido
que la lleva al precipicio
y ese ardor incandescente,
tan pasional incluso para una llama…
Sus elementos se separan
y algunos recorren otros lugares
y aun así tienden a acercarse,
ningún otro material es preciado a causar un efecto igual…
No obstante,
siente como un bloque de hielo junto a un huracán de viento
pretenden dificultar ese encuentro ya inminente…
cada soplido debilita su suerte…
el cuerpo al que debe adherirse tiene una mente perdida,
tiene un corazón herido por haber sido egoísta…
sigue prendiendo, ¡no desistas!
Ella necesita sentir que hay algo dentro que quema,
necesita una luz brillante
para que no se extravíe en su búsqueda,
necesita una seguridad eterna,
saber que su destino no consiste en estamparse,
sino en burlar los obstáculos,
cercana al calor de tus venas,
a tu verdad por muy dolorosa que sea,
a la extorsión de tu egoísmo
y al amargo sabor de las penas…
Mâcon, Si tienes miedo, no puedes dormir aquí (La France)
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