Mientras tanto, otra parte de ti se encontraba en plena búsqueda de una felicidad conyugal. Después de mucho pensar, decidiste agarrarte a aquéllo que había interceptado tu camino con insistencia y el paso de los años te ha demostrado que no tomaste la decisión equivocada.
Recobraste el apetito porque sabías que él se había abandonado a tu físico, y pensaste que había llegado la oportunidad perfecta de abandonarte a ti misma. Ahora, comes y fumas. Tu cuerpo ha dejado de ser un manto de piel flácida y resbaladiza muy cercana al músculo por su ausencia de grasa, para rellenarse de comida y humo.
Mâcon,