recuerdos del pasado, antigüedades del ahora

jueves, 10 de febrero de 2011

Cada vez más repetidamente suelo decirme a mí misma que el hecho de recordar sólo debería servir para preservar la memoria. Sin embargo, es inevitable que, a veces, eventos del pasado resurjan de sus cenizas porque un olor, un sueño, una canción han permitido la creación de un nuevo camino que, aunque de vistas y formas iguales no es el mismo que antes. Pocas veces podemos relacionar tal hecho con una alegría. Otras, las más, como al desempolvar una vieja máquina, destapan senderos que se van iluminando por vías nerviosas, hasta el corazón.
Nuevas preguntas se plantean debido a una causa perdida. Preguntas que nunca más tendrán su respuesta. Preguntas que dejaron de existir y se difuminaron entre el polvo que se acumuló en el tiempo. Sin embargo, preguntas que todavía contienen su esencia y no carecen de sentido, pero solo preguntas flotando en un espacio iluminado y alargado, preguntas que viajan en la autopista eléctrica, hasta el corazón.
¿Qué se hizo de esas manos frías que, sin ti, no podían respirar? ¿Quién sació esa sed irremediable que sólo yo podía saciar? ¿Que ocurrió con las palabras, que escritas, evidenciaban que ni siquiera el huracán más fuerte se las llevaría?
Sí, llegué a pensar que esa laguna temporoespacial duraría eternamente, sin embargo hoy vuelvo a desenterrar qués, cómos y porqués que sé que nunca voy a entender si tú no quieres desempolvar otro sendero que recorra tu cuerpo.
Ahora, tengo ganas de verte, pero no tengo palabras para ti, no sabría qué decirte, la naturalidad se me aparece muy lejana y extraña contigo. No quiero forzar nada, ni recuperar lo que ni siquiera fue mío, pero echarte de menos es un hecho factible, palpable que no entiende de vicios.


Mâcon, "Yo también me enamoré de quién no debía, ¿recuerdas? Y no por ello, me quedé allí a esperar si tenía una oportunidad. Siempre hay que saber seguir el camino de uno mismo. Si él hubiera sido para ti, aún en ese camino te encontraría." Aún así, no puedo evitar pensar que si me hubiera quedado, todo habría sido distinto. Pero ahora ya es tarde. (La France)

Audio: Straight from the heart, Bryan Adams http://www.youtube.com/watch?v=sfK6NJlKf34

lunes, 7 de febrero de 2011

Es algo más que la cocotera

Por fin! por fin he descubierto qué dos grandes sentimientos ponen mi cerebro en marcha acechándo y amenazando las teclas de mi computadora. Hasta entonces, fue fácil adivinar que la tristeza era una de esas sensaciones dolorosamente oportunas que invitaba a un cóctel de palabras desordenado en mi sesera a obedecer durante la creación de líneas afiladas como dagas, con el fin de exteriorizar parte de la mierda que se me había incrustado dentro. Pero aquello no lo era todo. La rabia. La rabia se apoderaba de los pasajes más recónditos de mi cuerpo, la sentía palpitar, latiendo, contrayéndose en los ventrículos y siendo brutalmente escupida de entre las válvulas, el vómito literal del corazón. Como conductos residuales de cloaca, las venas, llenas de sangre, contenían cargas de rabia que se ramificaban por todos mis órganos hasta lograr un círculo vicioso y renovable.
No es un motivo para hallar muerte, ni siquiera cuando el pulmón se nutre de ese veneno cabrón, ni siquiera cuando la energía burbujeante que contrae los músculos y alimenta las células está tan sucia como la herida de un mar que nadie cura. Una herida profunda y supurante, una suma de material que no ha absorbido nada y nadie se ha molestado en sacarle.
Sí, el dolor producido por ese sentimiento tenaz pone mis neuronas también en funcionamiento y el hecho de regurgitar mis ideas ordenadamente bellas sobre un lienzo de papel en blanco, reduce la cantidad de éste en mi organismo. Limpio mis arterias y dejo espacio para el aire puro y los movimientos harmónicos. 


Mâcon, Dejaste de ser el sujeto de mis pensamientos y de mis mayores logros, por fin te has quitado del medio (La France).