recuerdos del pasado, antigüedades del ahora

domingo, 19 de diciembre de 2010

Somos bipolares


Nos gusta escondernos tras nuestras palabras más acertadas, aquellas que reflejan lo bien que debemos hacer las cosas, seguirlas como pautas, y cumplirlas como reglas, pero cuando dejamos de pensar en lo correcto, nuestras palabras sólo reflejan nuestro deseo, ese que, por muy incorrecto que sea, sólo se maquilla con una sonrisa en un momento concreto. Sin a penas darnos cuenta, oscilamos del miedo al rencor,  de la culpa al resentimiento, del arrepentimiento a la ambición y al apetito que despierta la esencia de uno en el cuerpo y en la mente del otro. Nadie habla de corazón, aquí se habla de física, atracción, se habla de lo que nos resulta irresistible y somos perfectamente capaces de diferenciarlo de nuestros pecados, de nuestros errores y de nuestras equivocaciones.
Nos gusta jugar a provocar y retroceder mencionando consecuencias en una misma oración, no nos gusta que se nos tilde de ser culpables pero somos conscientes de lo poco que nos importaría volver a serlo. Somos bipolares. Somos capaces de sufrir el dolor más inmundo por una satisfacción inmediata, somos capaces de llegar muy lejos en un par de horas, para que ese hecho evidente no nos lleve a nada. Somos bipolares, una parte de nosotros no quiere separarse y la otra parte, sencillamente, resulta ser lo políticamente correcto.
Es prácticamente imposible seguir única y exclusivamente uno de los dos caminos… qué será más fuerte, amigos, ¿la conciencia o el deseo?, ¿el bien o el mal?, ¿la culpa y el dolor o el apetito y la satisfacción?, ¿la frustración o el descaro?, ¿la razón o la pasión?

Seamos animales por una vez y nos reconcomerá la sesera la conciencia cuando recuperemos la razón. Seamos razonables una vez más y nos martirizará ese instinto reprimido tanto que no atenderemos ni siquiera a la razón.
Para entonces estaremos locos y conformes…

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