Lo habría besado. En ése instante habría querido sentir como hubiera fluído el contacto entre él y yo, entrelazando sus labios con los míos, danzando al son de una música parecida al silencio, cuya melodía sólo existe dentro de nuestra mente.
Me lo he imaginado. En ése momento, me lo he imaginado, mientras miraba detenidamente su boca al hablar. Me lo he imaginado, mientras me miraba con esos ojos tan grandes. Es exageradamente bello. No podía dejar de admirarlo.
No puede ser, puedo sentir que existe una reciprocidad, se me hace extremadamente fácil saber que ese sentimiento extraño es mútuo. No haría falta ser un lumbreras para darse cuenta de que a pesar de ello, no tenía nada que hacer. No iba a probar suerte sólo por seguir a mi instinto. Él estaba atado de pies y manos y ésa había sido su decisión en el pasado. Los años no podían tirarse por la borda y hacer como si nada. Yo debía respetarlo, y mi actitud aparentemente caprichosa también.
Los franceses no suelen tener demasiado éxito en mi cama, pero me han demostrado que son totalmente fieles a su pareja cuando la tienen y no hace falta meterse en la cama con otra, sólo un beso significaría una falta grave. Estoy de acuerdo. El beso. El beso es la esencia pura del sentimiento. Es el primer y el único paso que fortalece y refuerza totalmente la aparición de un sentimiento relacionado con el amor. Gracias al beso, no podremos confundir una amistad con un amor. El beso de un amigo vive con mucha dulzura pero es continente de escasa pasión. El beso de un amigo es reconfortante, pero es corto. El beso de alguien a quién amas es interminable, si por mí fuera, una vez logrado el contacto viviría pegada a ello. Es dulce y pasional, siempre sabe regular la dosis justa y exacta, nunca mezcla una cosa con otra y siempre sabe en qué momento debe actuar de un modo u otro. No obstante, un beso no es nada si no hay, al menos, dos personas que dirijan su movimiento. Y no todos los besos funcionan con las mismas personas, se crea, así, una dificultad añadida por la ascensión consistente en la lucha por un unísono y un mismo ritmo.
Sólo con verte e imaginar tu boca rodeando la mía, fui capaz de sentir un enlace perfecto alrededor de nuestros cuerpos, fui capaz de suponer un dibujo trazado por una misma mano en un lienzo apaisado, fui capaz de comprender la melodía que ponía en concordancia nuestros movimientos linguales, siguiendo un mismo tempo, un sólo silencio.
A pesar de ello, una lágrima aparentemente fuera de lugar, apareció humedeciendo la mirada que me guiaba hasta tal punto de imaginación, descendiendo en picado por mis mejillas, acariciando lentamente mis labios. De pronto, la música se paró, pintándolo todo de ruido y negro, y desperté.
ALba
Mâcon, La FRance
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