recuerdos del pasado, antigüedades del ahora

martes, 11 de enero de 2011

Coches

Siempre quise un tuscani anaranjado... me pasé la mitad de mi adolescencia pensando en ello. Cuando pasaron los años, anulé esa idea de mi mente, logré sacarme el carné en el primer intento y me hice con un swift rojo, unos años mayor que yo, tenía un interior valiosísimo aunque por fuera se cayera a pedazos. Guardo muy buenos recuerdos de él, dentro de ese pequeño espacio me expandí en todos los sentidos, empecé a saborear la libertad y el amor, a redescubrir el sexo y la música, veía las estrellas y la luna en un lugar nuevo, también la salida del sol muchas otras noches. Nos convertimos en amigos inseparables y a pesar de los latidos sanos de su motor, estaba desmejorado y envejecido, había perdido el brillo que yo nunca pude apreciar y las cerraduras dejaron de encajar en sus llaves. Muy a mi pesar, debía cambiarlo por algo más joven, y a pesar de ganar en seguridad y belleza, sabía que no tendría ese corazón potente que había latido con fuerza más de veinte años. Y llegó el polo y con él otra etapa de recuerdos que alcanzar y almacenar, algo nuevo que realmente me costaba cuidar... fue un modelo cruelmente impuesto, pero no habría sido ético rechistar. Con el paso del tiempo, se convirtió en uno de los objetos más valiosos que podía rodearme a la vez que podía sentirlo entre mis manos, aunque, sin muchos escrúpulos, me veía obligada a engañarle puesto que tenía una idea fija en la cabeza y ello incluia deshacerme de él una vez saldado el préstamo que implicaría la posesión total del vehículo. Deseaba algo mucho más potente, algo que me hiciera correr como nunca, que me permitiera escapar a todas partes y no importara en qué circunstancias... ciertamente empecé a sentirme atraída por las gammas M de los BMW y sabía que algún día almacenaría uno de ellos en mi garage, sabía que los gustos de mi progenitor habían hincado huella en los míos.
Habiendo olvidado por completo el hyunday, apareciste tú en la puerta de mi casa, sentí una extraña sensación, la situación se me escapaba, ¿qué significaba eso? Algo nuevo venía en forma de un desiderio pasado y se convertía de nuevo en una atracción y aunque viniera sobre cuatro ruedas, dejó de tratarse de un enorme trozo de metal.


Mâcon, efecto dominó (La FRance)

No hay comentarios:

Publicar un comentario